12 de Octubre,
San Isidoro y España

Hoy doce de octubre conmemoramos, de manera cada vez más discutida y controvertida, la fiesta nacional de España y el día de la Hispanidad. Fluyen en esta fecha dos grandes acontecimientos, quedando la figura de San Isidoro de Sevilla como respuesta del primero y fuerza del segundo, en apreciación del autor de este ensayo.

 

En la Iglesia Católica, el día doce de octubre se celebra la Virgen del Pilar, patrona de España y Zaragoza, por su transmitida aparición de la Virgen María a Santiago Apóstol en el río Ebro sobre un pilar de mármol. Los hechos ocurridos en el año 40 después de Cristo se narran de la siguiente manera:

Oyó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena, y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol” pidiéndole la construcción de una iglesia y altar entorno al pilar que “permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”.

 

Importante describir que por entonces estas tierras eran profanas, perteneciendo Santiago el Mayor a los primeros apóstoles que transmitirían el evangelio al mundo. La aparición de la Virgen María, aún en vida en el momento del excelso suceso, se comprende mejor si se explica dentro del contexto de la situación: La palabra y mensaje de Santiago no arraigaban en los corazones de aquellas gentes que habitaban la península, constituyendo tal aparición el inicio de un fuerte impulso que llega a nuestros días, cumpliéndose así la primera promesa que se hizo a España en aquel momento: “Nunca faltará la Fe en nuestras tierras”, promesa registrada en la Basílica de Nuestra Sra. del Pilar con la frase “Nunca faltará la Fe en España”, y formando una alianza junto con la promesa del Sagrado Corazón de Jesús: “Reinaré en España y con más veneración que en otras partes”.                                 

Cuadro de Francisco Goya y Lucientes: Apparizione della Vergine del Pilar a San Giacomo ed i suoi discepoli, 1775-1780, e imagen de la Basílica del Pilar donde podemos observar las dos promesas mencionadas a ambos lados inferiores del pilar, en el lado izquierdo la promesa de la Virgen y en el derecho el del Sagrado Corazón de Jesús.

Aquella trama espiritual en que la tradición hispánica consiste”, expresada en el anterior ensayo por palabras del maestro Elías de Tejada, comenzaba su andadura, ligada a la valentía y fe de un apóstol y la misericordia de la Virgen, comenzaba la patria por impulso de sus patrones.

Es orgullo de quien escribe ver cómo, aun cuando el pléroma de los tiempos para alumbrar al cristianismo fue en región extensa, acogió con especial atención la región de Hispania la forma de vida cristiana. Nuestro gran don Julián Marías, en su sencilla y profunda obra “La perspectiva cristiana” desarrolla lo ahora abordado, expresando las raíces de Europa y occidente en la armonía de la lucidez y razón griega, la realización romana y el injerto cristiano de San Pablo.

 

Mientras el mundo pagano se corroía y caían escombros de lo que fue el gran edificio romano, fallando su estructura, el cristianismo avanzó entre los corazones por la palabra y el testimonio, embalsamando cada vez más al pueblo y desbordando el mismo para inspirar, con el tiempo, a las instituciones, llegando en España a la figura de San Isidoro de Sevilla.

Pintura de San Isidoro, encargo del canónigo Carmona a Murillo (1655)

Dedicaremos ensayo a su persona, pero por interés y perspectiva del objetivo del presente daremos unas notas grosso modo de lo que tal personalidad, inmortal a los siglos, personalizó y realizó, de lo que transmitió.

 

San Isidoro es prueba de lo que hemos expresado en párrafos anteriores. De cómo el cristianismo y su forma de vida fue tomando vigor. La España preisidoriana es una España en guerra, en conflicto y violencia, expresado en versos anónimos de la época hacia el 476 y recogidos en la obra de Fray Justo Pérez de Urbel: “Todo está en ruinas, el que poseía  cien bueyes, no tiene ahora más que dos; el que iba a caballo, tiene que andar a pie; los campos y las ciudades han cambiado de aspecto. El género humano perece por el hierro, por el fuego, por el hambre y por todas las calamidades al mismo tiempo. La paz ha huido de la tierra: el fin de todas las cosas ha llegado.” O el que expresa en bellas pero tristes palabras que “Diez años hace que somos segados, como mies madura, por la espada de los godos y los vándalos. Nuestra generación llega ya al extremo del sufrimiento.”

San Isidoro, nacido hacia el 556 d.c. se forma y crece en familia católica al calor del material monástico, destacando al tiempo su propia biblioteca, donde acogía a los Santos Padres, poetas clásicos, sabios y enciclopedistas. De su vigor docto producirá la escuela sevillana, pues cuestión importante era para él la formación de su clero y su instrucción, volviéndose señera y referente en la Iglesia de España. En su obra y seminarios transmitirá no sólo conocimiento y luz teológica, sino también su inmenso amor a la Patria, su amor a España. Sus relaciones con los reyes toledanos, su lealtad y su prudencia, sumado a su ingente esfuerzo intelectual que dio frutos como las conocidas etimologías, compendio del conocimiento de la época, no despreciando la ardua labor legisladora y canonista, su colección de leyes civiles, o su presencia en el cuarto concilio de Toledo, lo llevan a ostentar con méritos indiscutibles el título de Padre de la Patria, no por alumbrarla, sino por cuidarla, aumentarla y fortalecerla.

 

San Isidoro se levantó ante el mundo en el solar hispano. Su influencia, elogiada en el octavo concilio de Toledo, trasvasó con sus escritos la península y regó toda Europa, animador del renacimiento carolingio, pedagogo de la cristiandad, fue el último de los Padres en la tradición de la Iglesia Católica y se convirtió en Doctor Universal.

 

San Isidoro es hito en nuestra patria de la civilización que se levanta de entre las ruinas asoladas del imperio romano. De aquel árbol marchito brotará el injerto de San Pablo, de los apóstoles, de Santiago y la Virgen en España. España será indisoluble al catolicismo, inspirando a sus gentes y corazones, su cultura e instituciones. Tradición de criterios filosóficos y virtudes al amparo de sabernos hijos de Dios. Lo que representa San Isidoro en la Edad Media llega hasta el 12 de octubre de 1492, con el primer desembarco de Colón en América. Tierra donde España evangelizará y transmitirá toda una tradición. Aquello que San Isidoro representaba será transmitido a aquellos hermanos ajenos a la civilización. España será arquitecto y pondrá cimientos en aquellos pueblos, no colonizados y sí evangelizados, formados y enseñados. Hospitales, universidades, altares, virreinatos, derecho, vida, propiedad: Cristiandad en América.

Primer desembarco de Cristóbal Colón en América, Dióscoro Teófilo Puebla y Torín (1862)

El 12 de octubre celebramos el día de la Hispanidad, de su patria. Tradición llevada al nuevo continente, adecuándola a la realidad allí conocida. Porque tradición es la entrega de aquello que funciona, de mejorarlo los presentes para los que vendrán. Celebramos unidad de muchos pueblos, pueblos hermanos y con un vínculo cultural y de tradición muestra del esfuerzo de nuestros padres en aquellos siglos ahora menospreciados y maltratados.

 

Mi homenaje a su buena fe, a lo que lograron para millones de personas, de lo que representaban en tierras desconocidas, lejos de sus hogares y familias.

 

12 de octubre, San Isidoro de Sevilla y España: nuestra tradición, nuestro ser.

Artículo escrito por

José Pedro García-Calderón Salinas

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